sábado, 15 de agosto de 2009

Las cosas no son como antes.


Y no, las cosas no son como antes.

Ya nos casamos, nos convertimos, nos divorciamos, nos enseriamos.
Empezamos la facultad, descubrimos nuevos gustos, nuevos amigos, nuevos intereses.
Entra gente nueva a nuestras vidas, gente que pincha la burbuja, que deja salir el aire.

Nos desinflamos, esa es la realidad.

Una realidad que venimos tratando de evadir hace meses. Por querer que las cosas sean simplemente perfectas, como se dieron en algún (lejano) momento.
Por querer situaciones deformes, por extrañar comentarios barados.
Por querer salir corriendo y escapar de las miradas para hacer cosas que nadie debe ver.
Por necesitar de eso que a veces necesitamos.

Por eso. Por querer que las cosas sean perfectas, decidí cerrar mis ojos y mi cabeza y no dejarlos ver, no dejarla pensar.
Al hartazgo, decidí abrir los ojos, al fin.
Y llenarlos de lágrimas al ver lo que ya, hoy,
no puede ser.

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